alicia jones

en busca de la fuente de la vida…
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Hornachuelos nuevo

Alicia Jones llegó a Hornachuelos en Abril de 2025, donde el agua no es solo un recurso, sino el alma de uno de los ecosistemas más puros de la Sierra Morena Cordobesa. Su mapa, un pergamino recuperado de un antiguo monasterio, hablaba del "Tesoro de las Aguas de Hornachuelos", un tesoro oculto donde las aguas cristalinas se encuentran con la roca caliza.¡¡¡Comienza la aventura!!!

Alicia es una historiadora aficionada con debilidad por los misterios y tu eres su ayudante en esta aventura por el mágico pueblo de Hornachuelos... ¿Cómo te gustaría llamarte en esta aventura?

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Alicia Jones llegó a Hornachuelos sabiendo que esta expedición iba a ser distinta. Aquí no buscaba fuentes en plazas ni restos de antiguas canalizaciones urbanas. El mapa la llevaba directamente al corazón del paisaje, a un lugar donde el agua todavía manda y el ser humano aprende a adaptarse.

Frente a ella se abría un gran espejo de agua encajado entre paredes de roca. Desde allí, el río se adentraba en un desfiladero profundo, vigilado por aves rapaces y rodeado de una sierra que parecía cerrarse sobre sí misma. Alicia entendió que ese era el verdadero punto de partida: no el pueblo, sino el lugar donde el agua toma fuerza antes de seguir su camino.

Antes de adentrarse en el cañón, se hizo la pregunta esencial para iniciar la expedición: ¿cómo se llama el embalse y el río que forman este espectacular desfiladero por el que Alicia navega en kayak?

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Mientras avanzaba entre las aguas tranquilas del embalse, Alicia Jones levantó la vista hacia los riscos. Allí arriba, aislado del ruido y del paso constante del río, distinguió un edificio que parecía fuera de lugar. No estaba junto al agua, pero dependía de ella. Vivir en aquel enclave exigía conocer bien el territorio y, sobre todo, saber de dónde obtener el agua necesaria para subsistir.

Alicia pensó en quienes habían elegido ese aislamiento durante años, confiando en manantiales ocultos y en la regularidad de la sierra. El mapa no hablaba de tesoros enterrados, sino de equilibrio: de cómo el agua también asciende, se filtra y sostiene la vida incluso en los lugares más inaccesibles.

Con esa imagen en la cabeza, se hizo la siguiente pregunta: ¿a qué edificio histórico y religioso, situado en un enclave elevado junto al embalse, se refiere Alicia al hablar del agua que abastecía a quienes vivían en aislamiento?

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Tras dejar atrás el silencio de las alturas, Alicia Jones volvió a pisar tierra firme y se adentró en un sendero donde el sonido del agua marcaba el paso. A medida que avanzaba, el aire se volvía más fresco y la luz se filtraba entre ramas que parecían cerrar el camino por momentos. No era difícil entender por qué aquel lugar se había conservado casi intacto.

Alicia observó cómo el agua y la vegetación formaban un sistema inseparable. El río no solo corría; sostenía un auténtico corredor verde que protegía la biodiversidad y regulaba la temperatura incluso en los días más calurosos. Allí, el paisaje demostraba que el agua también cuida y ordena.

Con esa idea clara, Alicia se planteó la siguiente afirmación:
la ruta del Guadalora se caracteriza por un bosque de galería que depende directamente de la presencia constante del agua.

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Tras varios tramos de sendero y ribera, Alicia Jones regresó al núcleo urbano de Hornachuelos. El contraste era claro: del agua salvaje al agua domesticada. Allí, entre calles y miradores, el sonido del río quedaba más lejano, pero su presencia seguía marcando la vida diaria del pueblo.

Alicia se detuvo ante una fuente que no pasaba desapercibida. Su ubicación, el entorno paisajístico y el continuo ir y venir de vecinos dejaban claro que no era un simple elemento decorativo. Durante generaciones, aquel punto había sido lugar de encuentro, de abastecimiento y de relación con el entorno natural que rodea Hornachuelos.

Esa fuente se encontraba cerca de la ermita de San Abundio, patrón de Hornachuelos, por lo que es un punto de reunión muy frecuentado por los vecinos del pueblo. Alicia se preguntó:¿cuál es el nombre de esta fuente?

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Al abandonar el pueblo, Alicia Jones avanzó hacia una zona más abierta y menos transitada. Allí el paisaje cambiaba de nuevo: el agua ya no organizaba la vida cotidiana, sino que actuaba como frontera natural. Pensó en cómo, desde siempre, ríos y embalses no solo habían servido para regar o abastecer, sino también para delimitar espacios, competencias y territorios.

En este extremo del término municipal de Hornachuelos, el agua separa provincias y ecosistemas, creando un entorno especialmente bien conservado. La presencia de fauna salvaje y la dificultad de acceso explicaban por qué este lugar seguía siendo uno de los más intactos del parque natural.

Con esa idea en mente, Alicia valoró la siguiente afirmación:el río Retortillo y su embalse actúan como frontera natural entre Hornachuelos y la provincia de Sevilla.

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Alicia siguió el curso del río durante un buen tramo, atenta a cualquier resto que delatara la presencia humana del pasado. Entre la vegetación y las orillas erosionadas apareció lo que estaba buscando: muros bajos, canales cegados y grandes piedras circulares cubiertas de musgo. No hacían falta explicaciones largas; el agua había sido, durante siglos, una fuente de energía.

Pensó en el sonido constante que debió acompañar a estos lugares cuando estaban en uso, en el trabajo diario y en la importancia que tuvieron para la economía local. En Hornachuelos, antes de la electricidad, el agua ya movía la vida del pueblo.

Con esa imagen clara, Alicia se planteó la pregunta: ¿qué tipo de construcciones hidráulicas antiguas utilizaban la fuerza del agua para moler el grano en Hornachuelos?

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Alicia se detuvo junto a un remanso donde el agua discurría limpia y silenciosa. Durante unos segundos no ocurrió nada, hasta que un destello azul cruzó el río a gran velocidad. Aquella aparición fugaz le bastó para entender que se encontraba en un lugar bien conservado. Algunas especies solo habitan allí donde el agua mantiene su pureza.

Pensó en cómo la fauna actúa como un lenguaje silencioso del territorio. No hace falta medir caudales ni analizar muestras cuando ciertos animales siguen presentes. En Hornachuelos, el agua habla a través de quienes dependen directamente de ella para sobrevivir.

Con esa idea en mente, Alicia se preguntó: ¿qué ave, considerada indicadora de la buena calidad de las aguas, es común observar en los ríos de Hornachuelos?

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Al avanzar hacia las grandes masas de agua embalsada, Alicia Jones comprendió que aquellos lugares no eran simples infraestructuras. En los márgenes tranquilos y en las colas de los pantanos, el agua creaba refugios inesperados. Allí, el paisaje se llenaba de silencio, paciencia y observación.

Alicia se quedó un rato quieta, observando cómo distintas aves aprovechaban esos espacios para alimentarse, descansar o nidificar. Pensó que, en un territorio como Hornachuelos, respetar el agua también significaba aprender a mirar sin intervenir, entendiendo que la riqueza no siempre está en usar, sino en conservar.

Con esa reflexión clara, se hizo la siguiente pregunta: ¿qué actividad, vinculada al respeto por el agua y la fauna, se ha convertido en una de las principales formas de disfrute responsable en los alrededores de los embalses de Hornachuelos y en todo el Parque Natural?

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Alicia dejó atrás los grandes paisajes abiertos y tomó una carretera secundaria que la alejaba del núcleo principal. Quería entender cómo el agua había condicionado no solo el entorno natural, sino también la manera en que algunas comunidades se asentaron y organizaron su día a día. En estas tierras, el nombre de un lugar no solía ser casual.

Al llegar a una de las pedanías de Hornachuelos, comprendió enseguida la importancia del regadío. Canales, cultivos y la propia historia del asentamiento estaban ligados al aprovechamiento constante del agua del entorno. Allí, el agua no era un complemento: era el motivo por el que ese lugar existía.

Con esa idea clara, Alicia se planteó la siguiente pregunta: ¿qué pedanía de Hornachuelos está más directamente vinculada históricamente al regadío y al aprovechamiento del agua del entorno?

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Tras recorrer ríos, senderos, embalses y pedanías, Alicia sintió la necesidad de detenerse. No para seguir avanzando, sino para comprender. Sabía que había visto mucho, pero también que el territorio de Hornachuelos no se explica solo caminándolo. Hay historias, datos y decisiones invisibles que sostienen lo que permanece.

Por eso se dirigió al Centro de Visitantes del parque natural. Allí, entre paneles, mapas y testimonios, Alicia entendió que cada tramo recorrido formaba parte de un mismo sistema. El agua, la fauna, la vegetación y las personas estaban conectadas por algo más profundo que un cauce o un sendero: el conocimiento compartido y el compromiso con la conservación.

Con esa idea clara, se hizo la siguiente pregunta:¿cuál es la función principal del Centro de Visitantes del Parque Natural Sierra de Hornachuelos?

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Alicia permaneció unos minutos más en silencio, observando una maqueta del territorio que acababa de recorrer. Desde allí, todo parecía encajar: los ríos como arterias, los bosques como refugio, las personas como parte del equilibrio. Comprendió que su expedición no había sido una búsqueda de algo perdido, sino un aprendizaje sobre cómo cuidar lo que sigue vivo.

Pensó entonces que algunos lugares no necesitan ser conquistados ni desvelados, solo entendidos. En Hornachuelos, el mayor valor no estaba escondido bajo una roca ni guardado tras una puerta secreta. Estaba a la vista de quien supiera mirar con atención y respeto.

Con esa reflexión final, Alicia se planteó la última cuestión antes de continuar su camino por Sierra Morena:
el verdadero tesoro de Hornachuelos es el conocimiento de que el Agua es Vida y la importancia de mantener la conservación de su patrimonio natural, más que cualquier hallazgo material.

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